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La posible autorización del gobierno venezolano a la venta de vehículos automotores a precios sujetos a dólares, fue recibida con temor y escepticismo entre la población y los concesionarios de Venezuela.

El gobierno busca que este nuevo esquema logre resucitar a la industria automotriz de su virtual parálisis, ya que el año pasado apenas se ensamblaron 20,000 vehículos pese a que la capacidad instalada es diez veces mayor.

El problema de fondo es que el gobierno se ha negado a entregarle dólares para importar insumos y materias primas a las ensambladoras tras el desplome del petróleo, que representa el 97 por ciento de los ingresos en divisas de Venezuela.

Con el nuevo esquema, se permitiría la comercialización de vehículos con precios atados a la tasa de cambio del llamado Sistema Marginal de Divisas (Simadi), que ronda los 200 bolívares por dólar.

Sin embargo, esta tasa de cambio es casi 20 veces mayor a la tasa de viajero de 12 bolívares por dólar, que es la que se utiliza para importar vehículos y autopartes en el marco del control de cambios vigente en Venezuela desde 2003.

Con el nuevo esquema, un vehículo de 20,000 dólares pasaría a costar 4 millones de bolívares, o el equivalente a 546 salarios mínimos, que tras el último aumento decretado por el gobierno se ubica en 7,309 bolívares mensuales.

Estos precios “astronómicos”, han causado que el nuevo modelo sea recibido con escepticismo por entre los concesionarios, mientras mucha gente considera que será “imposible” comprar un carro.

“¿Quién podría comprar un carro al cambio del Simadi? Con esos precios es imposible cumplir el sueño de tener carro o vivienda propia”, lamenta Enelis Herrera, una ingeniera de 27 años que contempla la posibilidad de emigrar a Panamá o Chile.

Herrera explicó que su idea de emigrar nace por la “falta de perspectivas” que hay en Venezuela, donde su proyecto de vida de adquirir un carro o una vivienda propia para comenzar una familia está “más lejano que nunca”.

Por su parte, los concesionarios también manifestaron sus dudas sobre la viabilidad del nuevo esquema al ser conscientes de que los nuevos precios son imposibles de alcanzar para el grueso de la población.

Un gerente de una concesionaria de Chevrolet, que prefirió reservar su nombre por carecer de autorización, declaró a Notimex su escepticismo ya que la distribución del sector automotor estaría dominada por “mafias”.

“Los pocos vehículos que se ensamblan se los reparten entre los sindicalistas, los militares y la gente del gobierno, son puras mafias y a nosotros casi no nos llegan carros”, criticó el gerente.

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